Cada día la decepción ciudadana es mayor en la noble y culta ciudad de mercadillo, frente a los acontecimientos y sucesos que se presentan a nivel Institucional, en las Direcciones Administrativas y en el comportamiento diario de muchos de sus ciudadanos.
El título de “Culta” deslumbra a propios y extraños, es que Loja es un destello de atributos e historia, hombres y mujeres de gran trayectoria literaria, artística y de lucha social, la han matizado de glorias a través de escritos, pinturas y esculturas, con trascendencia nacional e internacional, todos con muy merecido reconocimiento y trayectoria.
Una vieja reflexión dice: “Cada cosa que mostramos al mundo, es el reflejo de lo que pensamos y como actuamos”, mucha verdad en tan pocas palabras. Si hablamos sin pasionalismo coterráneo, Loja dejo de ser culta hace mucho tiempo, un ejemplo de lo aseverado lo constituye la vivencia actual, indudablemente existen ciudadanos que marcan la diferencia.
Si un vecino pinta su casa, no dudemos que al día siguiente sus paredes están rayadas; si tiene auto nuevo y lo deja en cualquier sector, no hay duda que lo encuentre rayado, sea a propósito, o por envidia; se colocan recolectores fijos de basura, la pregunta ¿Cuánto duraran?; la ciudad se barre a diario y todos los días hay basura que barrer ¿comodidad o incultura?… y mucho más.
Si hablamos de la Administración pública, la decepción es mayor, cualquier personaje nos representa, sin importar, si cumple o no con las capacidades para el cargo; esto no es un problema de cantón, es provincial; desde el más bajo nivel, hasta el más alto en jerarquía. Informe tras informe y Loja sigue igual; 30 – 40 años de “servicio”, bien gracias; de los nuevos ni hablar, la incultura prevalece y sus representantes el reflejo de lo que somos.
Pablo Ortiz Muñoz
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