La autoridad se merece

La autoridad se puede ejercer de hecho o de derecho, la primera, quizá la más importante, la que nace de una legitimidad tácita y que está dada por la experiencia, el liderazgo, el conocimiento y la probidad que sus actos le han merecido a lo largo de los años; la segunda, la que nace de la ley o del poder político requiere un análisis más amplio.

La autoridad denominada “de hecho” tiene una particularidad muy simple, pero muy profunda a la vez, esto es: “la autoridad no se impone… la autoridad se merece”; quien impone autoridad por el poder politiquero, la vanidad, la prepotencia, incluso por una  ignorancia supina, simplemente refleja la pobreza de su alma, la fatuidad de su intelecto y la debilidad de sus principios éticos y morales.

Por lo tanto, hay que diferenciar: el ejercicio de la autoridad respecto del poder, en algunos casos en nuestra llacta, hemos podido evidenciar cómo algunas “autoridades” ejercen el poder a través de la coacción violenta atropellando la Ley y el desempeño legítimo del o los trabajadores que, a diferencia de esa “autoridad”… cumplen y hacen cumplir la norma.

Para concluir: la autoridad no se constituye -per se- a partir de la mera imposición, deben existir razones, valores, competencias, conocimiento y una gran dosis de humildad para conferir esa calidad a un sujeto que, con su ejemplo, pueda merecer de sus dirigidos el respeto y la verdadera autoridad; para que esto se materialice les deseamos: …buen viento …y buen mar.

Lenin Paladines Salvador   

leninbpaladines@hotmail.com

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