Invierno destructor

La provincia de Loja enfrenta uno de los inviernos más fuertes de las últimas décadas. La declaratoria de emergencia emitida por el gobierno es el reconocimiento de una realidad que golpea a comunidades enteras. El fenómeno climático ha desnudado la fragilidad de nuestra infraestructura.

Los informes de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos dibujan un panorama desolador. Loja se sumó a la lista de seis provincias en alerta roja, junto a Carchi, Esmeraldas, Guayas, Los Ríos y Pichincha. Hay nombres propios: cantones como Pindal, Puyango, Celica, Macará y Zapotillo, donde la inclemencia del tiempo ha dejado huellas.

El suroccidente lojano concentra los mayores estragos. En Pindal, la quebrada que atraviesa el cantón mostró su furia al comprometer la estructura del embaulado. Las parroquias Mangahurco y Bolaspamba, en el cantón Zapotillo, que hace apenas unas semanas eran vitrinas del florecimiento de los guayacanes, hoy son escenario de caminos intransitables.

La conectividad vial ha sido una de las principales víctimas. La vía Alamor-Pindal sufrió interrupciones por derrumbes en varios tramos. La ruta Alamor-Río Puyango también presentó problemas, aunque la oportuna intervención de maquinaria del Gobierno Municipal de la localidad y del Ministerio de Transporte evitó una paralización prolongada. La Prefectura, por su parte, desplegó esfuerzos en la vía Macará-Saucillo, en Zapotillo, para evitar el aislamiento entre ambos cantones.

Otro escenario preocupante se dibuja en la vía Celica-El Empalme. Allí, las piedras que se desprenden de los cerros yacen esparcidas a lo largo de la carretera, convirtiendo el descenso en una odisea de riesgo para conductores y pasajeros.

Loja está declarada en emergencia. El desafío comienza articulando una respuesta rápida y efectiva que atienda las urgencias inmediatas, pero que también siembre las bases para una reconstrucción con visión de futuro. Las Mesas Técnicas deben traducirse en acciones concretas, y los anuncios gubernamentales deben materializarse en maquinaria funcionando y en soluciones estructurales que mitiguen el impacto de la temporada invernal.

El invierno destructor nos obliga a preguntarnos: ¿estamos preparados como provincia para enfrentar la nueva realidad climática? La respuesta, por ahora, parece diluirse entre la lluvia.

César Sandoya Valdiviezo

cesarsandoya@hotmail.es

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