Indignados los hijos del yugo

El panóptico no garantiza nada, letras, teorías, conceptos, un ministerio encargado de la seguridad y cerca de 45 mil policías no auparon una masacre sin comparendos.

Un luto conspicuo que a todos nos asombra, pero solo a pocos nos conmueve. Y es que la realidad carcelaria es más compleja que un «reflejo de la sociedad».

¿Cuál es la política pública para tratar a sentenciados confinados, hacinados, vigilados, estigmatizados y en un entorno de permanente violencia e ilegalidad?

Temas pendientes que no se resolverán a corto plazo. Hoy, es más importante la primera estrofa del himno nacional y quién mató a Ruales, que sentarse en una mesa a debatir lo importante para el país.

Y, aunque abundemos en peyorativas frases de superación y conciencia, las relaciones de poder nos atraviesan, caracterizan, constituyen un cuerpo social; y nos disocian a pensar que el malo es malo y el bueno es bueno, sin discernir mayores argumentos.

Mantenemos la condición humana de pensar en sociedad, pero ella es tan endeble y vulnerable, que optamos por el individualismo para criticar y opinar en temas colectivos, mientras esperamos que una estela de buen vivir se agolpe en nuestra normalidad. Así que fiel a nuestra herencia nos indignamos como hijos del yugo.

La opción que nos queda es, superar la conciencia y pensar latino, ordenarnos; actuar en sociedad pero sobre todo denunciar y liberar el pensar prejuicioso de sociedad corrupta.

Jorge Ochoa Astudillo

socjorgeochoaa@gmail.com

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