La muerte de un ser querido, como una hermana, es muy difícil de asimilar, porque tú, Mercedes Inés Muñoz (Inesita), como cariñosamente te llamábamos, dejas un vacío en el seno de nuestra familia que no podremos llenar. Amada hermana, la segunda de cinco hermanos, tu existencia deja un gran legado, solidaridad, dedicación al trabajo, honestidad en todos tus actos, y resignación ante los designios del Creador.
Cumpliste tus metas y aspiraciones, como mujer, esposa, madre, y maestra, profesión que elegiste con profunda vocación, la que te permitió formar niños y jóvenes, a quienes inculcaste valores morales y espirituales, tan venidos a menos en estos tiempos. Fuiste la hija modelo, la hermana perfecta, la madre cariñosa y la amiga sincera. Tu partida al más allá deja profundas heridas en nuestros corazones, porque ya no estás físicamente entre nosotros, pero los recuerdos permanecen y seguirán vivos para siempre en cada uno de tus seres queridos.
Exhalaste tu último suspiro en una aciaga tarde mayo y con ello fuiste arrancando un pedacito de nuestra alma. Es difícil para mí describir tus virtudes, porque son innumerables y múltiples, las que adornaron tu existencia. Es imposible asimilar tu muerte física, pero te tendremos presente para siempre, en el murmullo del viento y podremos sentirte mirando al cielo donde es tu morada, te encontraremos en la más refulgente estrella del firmamento.
Estoy seguro, Inesita, que Dios en su inmensa misericordia te acogió en la Corte Celestial y tú asististe a su llamado con resignación y obediencia, por lo que desde el infinito velarás por los que aún quedamos en este peregrinaje por la vida. Hoy no te digo hasta siempre, sino hasta pronto y espérame, porque algún día te alcanzaré. Descansa en paz, querida hermana.
Luis Muñoz Muñoz