Sea positivo, intente pensar en cinco peticiones que desearía hacerle a su señora esposa. Para empezar, plantéese cosas de escasa trascendencia, por ejemplo, que deje tapando la pasta dental después de utilizarla. En primer lugar, intente imaginar que ocurriría si lo plantearía desde el punto de vista crítico y negativo. Por ejemplo, estoy harto de encontrar la pasta dental destapada. Seguidamente, imagine el efecto si lo hace asertivamente, por ejemplo, cariño, podrías tapar la pasta, por favor. Piense en ambos casos las posibilidades qué tiene de conseguir lo que desea, y de conseguirlo con el beneplácito o enfado de su señora esposa.
Escuchar sin interrumpir, el ejercicio en este terreno es muy sencillo. Habitualmente usted interrumpe porque opina que ya sabe qué quiere decir su cónyuge, o bien porque su pareja está dando cosas por supuestas que son discutibles, o simplemente porque le está dando información superflua. Se sugiere seguir los siguientes pasos en la próxima conversación, que, por otra parte, usted deberá plantear: Adopte una postura relajada, acomodándose en la silla con el cuerpo hacia atrás. Adopte una expresión sonriente y cariñosa a la vez que interesada. Espere hasta que su cónyuge le pida su opinión o se quede callada. Entonces, y sólo entonces, exponga usted su punto de vista.
Cuando una persona acostumbrada a las interrupciones deja de sentirse presionada por su interlocutor, aunque en una primera etapa la aproveche para hablar más, al final acaba relajándose y permitiendo un diálogo más equilibrado. En conclusión, su comunicación global mejorará si baja el nivel de tensión y la necesidad imperiosa de intervenir; en este contexto, para tener más probabilidades de éxito en la comunicación asertiva con su cónyuge aplique lo señalado en líneas anteriores, podrá evidenciar su mejoría. Recuerde, es su decisión ser feliz.
Francisco Herrera Burgos
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