Guagua que no llora, no mama

Nuestro conflictivo siglo XX nos dejó tristes recuerdos de guerras mundiales y guerras nacionales internas en gobiernos totalitarios. Las muertes causadas por estos jinetes del apocalipsis se cuentan por centenas de millones de personas sacrificadas a nombre de la libertad. La búsqueda de la democracia fue entendida como la búsqueda de la satisfacción de las mayorías. Y en nombre de esas mayorías, unas minorías enviaron al holocausto a tantas víctimas.

Pero esas formas de control y dominación no han desaparecido. Solamente que ahora son más adecuadas al talante del nuevo milenio. El fiel de la balanza se ha inclinado, poco a poco, a favor de una democracia de minorías. Es así que nos encontramos en un mundo de colectivos en el que se unen grupos de seres humanos que plantean cosas nuevas y forman partidos políticos nuevos bajo otros principios, importantes o no, lógicos o no. Lo importante es que haya un sentimiento de estar agrupados. Ya no hay para qué luchar por la justicia o la fraternidad. La justicia será válida cuando se trate de las nuevas tesis.

Y he aquí que podemos formar un colectivo con el fin de guardar la arena de los ríos en un lugar para que las futuras generaciones puedan saber cómo era dicha arena. Y empezaremos nuestra lucha para redactar una nueva Constitución en donde se obtengan derechos de los “areneros”. La estrategia será la de unirnos con otros colectivos para hacer un colectivo de colectivos. Ellos, aunque no estén de acuerdo con nosotros, nos apoyarán porque también necesitan de nosotros.

En este trajinar de colectivos de minorías, nos encontraremos con una democracia en donde no manda la mayoría de la población, sino quienes han podido agrupar a todo ese conjunto amorfo,  con la famosa frase criolla: “Guagua que no llora, no mama”.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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