Hace uno años, junto a mi hermano Guillermo asistí a un velatorio. En él tuvimos la oportunidad de escuchar la lectura de un elocuente y lírico discurso de un querido amigo, a través del cual despedía los restos mortales de su familiar.
De pronto Guillermo dijo:
– Hermano hagamos un pacto.
– ¿Cuál?, repliqué.
Ipso facto, me contesto:
-Si tú mueres primero, yo escribo un artículo; y, si yo fallezco antes, tú escribes.
Inmediatamente le respondí: Claro que sí, pero tú sabes que yo soy malo para escribir. No obstante- agregué- acepto el pacto.
Ahora, cumpliendo con el compromiso, hundido en una terrible nostalgia, a nombre de mis hermanos Jorge (+), Enrique, Carlos, Maruja y Zoila, solo quiero preguntarle a la muerte: ¿Dónde está tu triunfo, ¿dónde está tú éxito?, si te llevas a un ser excepcional, quien con sus defectos, sufrimientos y virtudes- como todo ser humano- fue un hombre maravilloso, sencillo, modesto y tolerante. Un padre cariñoso y comprensivo; un amigo solidario que abreviaba distancias, aproximaba espíritus y unía corazones; un periodista que defendió a ultranza a Loja; y, un hermano que nos enseñó a amar sobre todas las cosas. Poseedor de una vasta cultura religiosa fue también un gran difusor de la de cristiana.
Con sentido cristiano, no levantamos queja ante tal adversidad. Lógicamente, con la certeza de que Dios lo tendrá siempre a su lado. Eso es lo que mitiga nuestra pena y eso es lo que disminuye nuestro dolor que con la mirada puesta el nuestro creador sabemos que la muerte no es otra cosa que el tránsito de lo terrenal a lo prometido para toda una eternidad.
Querido hermano, quedando siempre en nosotros descansa en paz y en la grandeza de Dios.
Jaime A. Guzmán R.
jaimeantonio07@hotmail.es