Evitemos los exabruptos

La palabra exabrupto es una locución latina que, en castellano, interpretamos como “una expresión irreflexiva y perniciosa, pronunciada en momentos de alta sofocación emocional”. Veamos: es irreflexiva porque quien la pronuncia no ha tenido el tiempo suficiente para pensar si lo que va a decir es correcto o incorrecto; es perniciosa porque apunta a ofender a alguien; por sofocación emocional, vamos a comprender como un estado de emotividad incontrolable.

En nuestro diario vivir, escuchamos expresiones que pueden ser calificadas como exabruptos, partiendo desde el mismo hogar, en los momentos críticos que viven las parejas que llevan a discusiones insensatas con graves desafueros y que pueden ofender a quien estuvo dirigida; a veces los padres, alentados por actitudes de insospechada rebeldía de sus hijos, emiten expresiones que lastiman la sensibilidad de los ofendidos y que, a veces, cuando ya es tarde, se arrepienten cuando el daño ya está causado. Y, los hijos, cuántas veces, en actitud desafiante, se dirigen a sus padres con exabruptos altamente ofensivos.

Y, en las instituciones educativas, cuántas veces, maestros que no saben dominar sus arrebatos de irascibilidad ante actos indisciplinarios de sus estudiantes, lanzan expresiones que los dejan del tamaño de una hormiga. En los distintos escenarios que tienen las actividades laborales, algunos jefes que se creen dioses, colman de improperios a sus colaboradores quienes, se callan por temor a perder su trabajo.

En política, los exabruptos son el pan de cada día y se convierte en una salida ligera ante una severa contrariedad que atenta al bienestar de sus intenciones: así escuchamos a mandatarios exaltados que utilizan términos peyorativos, lesivos a la dignidad de los ciudadanos, aunque, luego, arrepentidos, deban disculparse. Hemos escuchado a asambleístas que hacen gala de una inocente inducción al cometimiento de actos ilegales como aquello de que “si roban, roben bien”; a otros que, con semblante eufórico dicen defender a la democracia y, luego, votan para censurar al primer mandatario; en fin, hay tantos casos.

La reflexión para todos, amigos lectores, es que, antes de emitir cualquier expresión, en momentos de escaso control emocional, primero pensemos en las consecuencias, para no tener que arrepentirnos.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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