El ruido, molestia constante

Existen numerosos estudios de laboratorio sobre los efectos que causa el ruido en las funciones biológicas de los seres humanos, en las respuestas psicomotrices y en el sueño de las personas; empero, solo la hipoacusia puede atribuirse indiscutiblemente al ruido.

Estos estudios pueden relacionarse de manera muy general con enfermedades mentales. En cambio, observaciones clínicas señalan que en las ciudades con tráfico vehicular intenso y en donde sus conductores en un 30% no usan silenciadores debidamente adecuados, el índice de atención a pacientes con ansiedad, fatiga y dificultades para dormir es alarmantemente elevado.

La creciente invasión a la intimidad producida por ruido de automotores o motociclistas irresponsables, en nuestro medio, debe ser materia de preferente atención, procediendo las autoridades de tránsito a aplicar la Ley en forma totalmente estricta, sin miramientos de ninguna naturaleza, ni favoritismo para los llamados «niños bien», porque según se ha constatado más demora el vigilante de tránsito en detener al «mozalbete” que este en conseguir su libertad haciendo valer influencias.

Hasta cuándo vamos a entender «que todos somos iguales ante la Ley» y que no hay diferencia alguna de condición social, religiosa o política y que por lo mismo todos podemos ser juzgados acorde con la infracción cometida y la responsabilidad penal, es decir, que la justicia equitativa es «dar a cada cual lo que realmente le pertenece, ni más ni menos».

Debemos estar conscientes que el ruido causa serios problemas sobre las funciones intelectuales y motrices, como el aumento del número de errores, la velocidad de las decisiones incorrectas, por eso el ruido en las personas normales altera la presión arterial, en el sistema nervioso autónomo se observa dilatación pupilar, entre otros males.

Es necesario exigir que las autoridades competentes nos demuestren que se cumple en la práctica lo que se enuncia en teoría velando por la paz y la tranquilidad ciudadana.

Luis Muñoz Muñoz

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