
La dicotomía entre correísmo y anti-correísmo parece terminar ante una tercera opción que empezó a surgir de manera silenciosa, cautivando un electorado joven, que buscaba y busca candidaturas diferentes a las preestablecidas, cuyas agendas se centran en ídolos y no en propuestas.
La candidatura de Daniel Noboa es la representación de que el debate político no puede centrarse en conceptos de izquierda o de derecha, en personajes líderes del socialismo o del liberalismo. La gente, aunque no en su totalidad, mira hoy con ojos distintos la realidad política del país que fue acechada por decadentes políticos que buscaban el bienestar personal antes que el bienestar social.
Esa lucha entre correísmo y anti-correísmo ocasionó que tengamos un legislativo y ejecutivo confrontado, un ring de luchas ideológicas y nunca un ring de debate propositivo para atender las necesidades de la población, que en hora buena término con la muerte cruzada; por eso es muy plausible este nuevo escenario político que rechaza la demagogia y premia el pragmatismo. Ante lo suscitado, se colige que las recientes elecciones para presidente y asambleístas son las muestras de que ha iniciado ese proceso de entierro a la “old school” de la política y el surgimiento de una nueva clase política; no sumisa a las disposiciones del dueño del partido, sino sumisa a la voluntad y necesidad de su pueblo. Estas elecciones han sido decisorias para paulatinamente sepultar a los que se creían los redentores del país y los dueños de provincias.
Carlos Orellana Jimbo
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