Cada vez hay más consciencia del daño que el ser humano está haciendo a la naturaleza. Hasta el punto de que todos los partidos políticos, de centro, de arriba, de derecha, de izquierda o de abajo, lo toman como parte de su discurso clientelar.
Esto no deja de tener su lado bueno, porque se va logrando una mayor concienciación y, con ello, un mayor deseo de realizar acciones que disminuyan ese impacto negativo.
Sin embargo, también tiene su lado malo, puesto que el reclamo y la denuncia se han convertido en una simple muletilla; muletilla que convierte a quien la pronuncia, en un ser situado fuera de la responsabilidad que le toca asumir.
En realidad, la responsabilidad del cuidado de la creación, no está sola ni primordialmente en manos de los gobernantes: somos los ciudadanos (incluidos absolutamente todos) quienes podemos y debemos realizar acciones y adoptar conductas que impidan seguir destruyendo el medio ambiente. Bien vale la pena recordar aquí que se educa con el ejemplo.
Entonces, si sabemos que el poliestireno es dañino para la salud y que contamina el ambiente, nunca más compremos alimentos que vienen en este material: platos, vasos, portaviandas, etc. Si el plástico se degrada en muchísimos años, entonces no utilicemos ninguna funda de plástico ni para comprar, ni para vender, ni para poner la basura. Si sabemos que la coca cola, y todas las colas producen cáncer, que mañana sea el primer día que dejemos de comprar esas y todas las bebidas y comidas que tienen colorantes y conservantes. Dejemos de utilizar definitivamente los instrumentos y máquinas que tienen plásticos o materiales contaminantes: celulares, plasmas, refrigeradoras, lavadoras, impresoras, computadoras, etc.
¿Qué tan comprometido está usted, querido lector, con el cuidado de la creación?
Carlos Enrique Correa Jaramillo
cecorrea4@gmail.com