El correísmo, de mal en peor

La denuncia por violación a una menor de edad en contra del asambleísta Santiago Díaz Asque ha reforzado el convencimiento de que la Revolución Ciudadana está dirigida por seres humanos despreciables. Sus principales líderes han sido condenados por los delitos contra la eficiencia de la administración pública, tipificados y sancionados por el Código Orgánico Integral Penal (COIP). Una muestra clara es que el expresidente Rafael Correa tiene una sentencia ejecutoriada por cohecho y es actualmente un prófugo de la justicia ecuatoriana.

Como si la corrupción en el ejercicio del poder no fuera suficiente, también han sido dirigentes o figuras públicas del correísmo presuntos narcotraficantes, “diezmeros”, acosadores sexuales y hasta violadores. Esto resulta gravísimo; pues, estamos refiriéndonos a la organización que gobernó el país por una década y que, desde el 2017 hasta la fecha, representa un poder político determinante a nivel de la Asamblea Nacional y de los GAD.

A la denuncia por violación en contra de Díaz Asque se ha sumado el escándalo del proyecto de ley reformatoria al COIP, presentado por dicho asambleísta y respaldado con las firmas de diez de sus colegas correístas. La reforma más grosera es aquella que propone reformar el numeral 5 del artículo 175 por el texto: “En los delitos sexuales, el consentimiento dado por la víctima menor de dieciocho años de edad es irrelevante, excepto en los casos de personas mayores de catorce años que se encuentren en capacidad de consentir en una relación sexual».

Lo curioso de este tema es que dichos asambleístas se han justificado de la manera más torpe posible. Esto es, diciendo que no leyeron el proyecto o que fueron engañados por Díaz Asque. Lo que debieron decir es que fue la Corte Constitucional “woke”, en su sentencia N° 13-18-CN/21, quien resolvió declarar la constitucionalidad aditiva del artículo 175 numeral 5 del COIP, el cual debe leerse en la forma que plantea el proyecto de Diaz Asque. Hay asambleístas que no solo no leen los proyectos de ley, sino que no leen nada; lo que explica el deterioro intelectual y moral del órgano legislativo.

Gustavo Ortiz Hidalgo

gortizhidalgo@yahoo.com

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