La clara transparencia

Seguramente coreó “aquí se queda la clara / la entrañable transparencia”. Hemos vuelto a pensar en esa letra, que evoca a un hombre como él, practicador de la transparencia y la claridad, no un sermoneador de ellas. Combatió cuando el combate exigía: desde las calles y la universidad, desde la cultura y el arte, desde la honestidad ejemplar, desde la sencillez, que no reñía con el rigor del pensamiento ni con la cercanía y el afecto en el trato. Se comprometió, tomó postura, no huyó a la confrontación de las ideas, porque sabía que las disputas por el sentido del mundo, es una disputa profundamente política, pero profundamente humana.

Murió Stalin Alvear, pero nos queda mucho por aprender de su pluma y de su ejemplo, de sus memorias, que dibujan la ciudad, la sociedad y el mundo desde una perspectiva más íntima y necesaria para entender los desafíos de los nuevos tiempos. Amasó una lucidez leyendo a los grandes y codeándose con ellos. Se preció de compartir con Fidel o García Márquez, Transito Amaguaña o Nela Martínez, con Ángel F. Rojas o Nicolas Kingman.

“Humildad y principios” escribió en Antes que me olvide. Dos palabras para siempre, que no se añejan ni pierden peso: humildad para evitar la pedantería (porque los pedantes son los únicos que se bastan para sí mismos), y principios, para no claudicar en los sueños, ni en lo que debe hacerse, porque en el mundo, desde entonces y hasta ahora, no dejan de haber necesitados: del pan para el cuerpo, pero también para el espíritu. Se comprende entonces su tránsito por la militancia, por la cátedra, por la cultura, intentando sembrar luces y bienestar, para desterrar la miseria, el egoísmo y la pobreza.

Aquí nos quedamos con la clara transparencia, de su querida presencia.

Pablo Vivanco Ordóñez

pablojvivanco@gmail.com

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