Cuando la consigna reemplaza al pensamiento

En estos días el país vive una paradoja inquietante: hablamos de democracia, seguridad y desarrollo, pero cada vez discutimos menos con argumentos y más con consignas. La conversación pública se ha llenado de certezas rápidas, de frases que suenan fuertes pero que pocas veces explican algo. Y es que cuando los problemas son complejos (violencia criminal, desigualdad territorial, economías ilegales, instituciones débiles), resulta tentador buscar culpables simples. Culpar a un gobierno anterior, a una ideología o a un enemigo conveniente tranquiliza, aunque no resuelva nada.

Lo cierto es que la crisis de seguridad que golpea a varias ciudades del Ecuador no nació ayer ni responde a una sola causa. Tiene que ver con redes criminales transnacionales, con puertos estratégicos disputados por mafias, con sistemas penitenciarios frágiles y con desigualdades sociales acumuladas durante décadas. Sin embargo, el debate político insiste en reducir esta realidad a peleas ideológicas, como si bastara con cambiar de bando para cambiar el destino del país.

Además, algo más silencioso está ocurriendo: la pérdida del pensamiento crítico. Lo vemos en redes sociales, en conversaciones cotidianas, incluso en espacios académicos. Justamente esto lo conversaba hace unos días con un compañero docente mientras compartíamos un Taller en la Universidad, opinamos rápido, defendemos posiciones con pasión, pero pocas veces nos detenemos a verificar datos o a escuchar argumentos distintos. Esa actitud, que la psicología describe como efecto Dunning-Kruger, alimenta una ilusión peligrosa: creer que entender poco basta para hablar con absoluta seguridad.

El desafío de nuestro tiempo no es solo económico o político; es también cultural. Necesitamos recuperar la paciencia del análisis para no hablar desde la dicotomía, la humildad de reconocer lo que no sabemos y el valor de discutir con respeto. Porque cuando la política se convierte en un campo de mentiras afianzadas con discursos y ejecutadas bajo acciones judiciales sin pruebas, los verdaderos problemas siguen creciendo en silencio. Cambiar esa cultura es quizá la tarea democrática más urgente que tenemos.

Álex Daniel Mora Arciniegas

alexmorarciniegas@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *