El Aspa de Borgoña como símbolo mestizo-identitario.

Un fenómeno nuevo que se ha visto recientemente y del cual soy testigo, es el del misterioso y místico resurgir del Aspa de Borgoña, como un símbolo de identidad hispanoamericana. Esto por su puesto ha generado incógnitas con respecto a este renacimiento socio-cultural. El Aspa de Borgoña o Cruz de San Andrés, en las Indias o América se remonta a la llegada de la tradición occidental-europea, conformando nuestra identidad mestiza. Sus usos fueron diversos a través de la historia, variando su significado dependiendo del espacio-tiempo en donde se la enarbolaba. Su connotación en América ha diferido ligeramente de Europa, pasando de ser emblema del Imperio Español, a transmutarse aquí, como un símbolo del sincretismo cultural, generando así la cultura mestizo-hispánica que conforma la anatomía física y metafísica de nuestro ser. Todo esto sin olvidar el componente autóctono americano, que se ha heredado como un sentimiento telúrico de apego al bosque, la naturaleza, los valles, y las solitarias montañas en donde los espíritus profundos meditan.

Es así como la identidad de los pueblos se despliega y se redescubre, atendiendo a parámetros de evolución cultural; aprendiendo de las bondades y errores pasados, con una perspectiva objetiva no basada en el resentimiento histórico, sino que impulsa al individuo a indagar y conocer sus diferentes unidades orgánicas constitutivas, desde lo más primigenio.

Así es como este símbolo espontáneamente a través de la sociedad (y no impuesto por un Estado) se ha convertido en identitario. No obstante, debo mencionar que se lo ha relacionado con grupos políticos, lo cual considero contraproducente, ya que la identidad no es política, sino representa un fenómeno espontaneo, no arbitrario, y emanado de la misma naturaleza.

Rodrigo Monsalves

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