Cada 9 de agosto, Ecuador celebra el Día Nacional de la Cultura, una fecha que evoca la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana gracias al impulso de Benjamín Carrión en 1944, pero también nos invita a reflexionar sobre el papel del arte y los artistas en la construcción de una sociedad más libre, justa y consciente. Este día es una oportunidad invaluable para reconocer a quienes, desde distintas trincheras, forjan la memoria viva de nuestro pueblo: los músicos, escritores, pintores, muralistas, cineastas, actores, artesanos, gestores, danzarines, poetas, creadores de saberes, portadores de tradición oral y tantos otros cuyo trabajo muchas veces se forja en silencio, a contracorriente, sin aplausos ni recursos.
En un país lleno de voces, rostros y colores, el arte no debe verse como una competencia o una carrera por el aplauso, tampoco es un medallero olímpico ni una batalla de egos. El arte es una herramienta de liberación, una forma de resistencia, una vía para abrir los ojos, sentir, imaginar, cuestionar. El arte, cuando es auténtico, nos incomoda, nos transforma, nos humaniza. Por ello más que celebrar con actos protocolares, deberíamos acompañar a quienes hacen del arte su forma de vida, a quienes no renuncian a crear incluso en los momentos más adversos.
Recordemos que los artistas necesitan condiciones dignas, y como sociedad debemos asumir el compromiso de apoyar a nuestros artistas no solo con aplausos o reconocimientos simbólicos, sino con políticas públicas, presupuestos adecuados, espacios de creación, circuitos de difusión y formación permanente.
Este año, el Día de la Cultura coincide con un momento crucial como son las elecciones de la CCE. Desde esta tribuna, invito a quienes resulten electos a asumir este rol con humildad, una mirada amplia, inclusiva y profundamente comprometida con el bien común. La gestión cultural no puede darse desde la vanidad o la exclusión. Necesitamos líderes culturales que sepan escuchar, que comprendan la diversidad del país, que reconozcan los distintos territorios, los saberes ancestrales, la memoria histórica y las nuevas expresiones contemporáneas.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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