El antagonismo de las causas perdidas

Febrero 2021, el mes de las decisiones trascendentales.  Ecuador se ha visto enfrentado ante la no tan alegre fiesta electoral; una fiesta llena de incertidumbre, perplejidad y consciente preocupación por el futuro de nuestra patria.  Una fiesta dividida entre bandos fanáticos.

Nos olvidamos de que no somos sueños de la verdad, y de que incluso si lo fuéramos, tampoco es absoluta. Caminando por el sendero de las elecciones enfrentamos deliberadamente nuestro yo más explosivo con el otro más febril.  Dividimos nuestro pequeño Ecuador como si fuera un pastel, y protegimos las delgadas rebanadas más que el postre entero. Entender cómo la división pudo más que la unión, me permitió asimilar que simplemente, no nos importa el otro. Y es que, qué representan los otros, sino la diferencia no concebida de un pensamiento contrario.

Mientras trato de comprender lo que el otro significa para mí, recuerdo lo dicho por el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber cuando cita a Levinas en una de sus intervenciones. Para ellos, la relación con el otro es siempre conflictiva porque existe un apuro con el otro porque nos cuesta comprender, nos cuesta aceptar la diferencia. Para la filosofía el otro es otro porque no me cierra; yo lo pongo en ese lugar de alteridad. En ese lugar oscuro es en donde estamos, este lugar del desentendimiento; y, por ende, del reduccionismo electoral que tanto nos ha dolido durante los últimos tiempos.

Esa incertidumbre es el resultado de un pueblo desesperado que clama por justicia y cada vez la ve más lejos. Mi Ecuador trizado a causa de aquellos que pusieron por delante el bolsillo y la comodidad, antes que su tierra.  El día que dejemos de ver al otro como insuficiente, ganaremos más que unas elecciones. Ganaremos el progreso de nuestro pueblo.

Ma. Verónica Valarezo Carrión

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