Una mirada breve e incompleta

La batalla política de hoy, se juega fundamentalmente en el campo simbólico, semiótico. El mundo de los colores y de las formas perfectas, de la digitalización, la producción de la imagen, y, como en el mercado, vende más el producto que más sabe venderse, no el mejor, y de ahí, la enorme responsabilidad de los medios de comunicación tradicionales (los nuevos y los viejos).

Vivimos tiempos de ‘espectacularización’ de la política. Los candidatos son el maniquí dispuesto a los imperativos del marketing político, del maquillaje (no del cuerpo sino de las ideas), de las medidas exactas (ahora sí, del cuerpo y de las palabras), del adorno en la presentación, y de las fachadas ampulosas que esconden viejas formas, viejas estructuras y viejas ideas.

Es preocupante la falta de reflexión desde la clase política, su desideologización, y su maniqueo uso discursivo que no genera argumentos, sino que solo repite la retórica empleada como estribillo en la opinión pública. El facilismo, la miopía, y lo ‘políticamente correcto’, en sacrificio de lecturas más complejas sobre el complejo mundo en el que actúan.

En medio de todo ello, tanto políticos como líderes de opinión pública de la ciudad, se decantan por el adjetivismo político como salida rápida a lo que no les gusta, a lo que les incomoda: etiquetado inmediato de lo que no cabe en sus modelos de pensamiento.

La realidad parece empantanada. Las direcciones dispuestas y el camino trazado. Quien se desvíe será apedreado por todos los medios. Los jerarcas de la opinión serán los líderes de la condena.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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