El ajetreo de un viernes en el centro lojano, a horas del encierro total

El distanciamiento social por el tema coronavirus fue nulo ese día. Compra y venta por doquier. Se viene un cuarto aislamiento.

La calle 18 de Noviembre fue una de las que observó también congestión, el viernes pasado.
La calle 18 de Noviembre fue una de las que observó también congestión, el viernes pasado.

“Papas, tomate, guineo, yuca, maduros, naranjas…”, es el estribillo que sonaba potente desde un carro de carga, estacionado en las calles Lauro Guerrero entre Rocafuerte y Miguel Riofrío, la tarde y casi noche ya del viernes pasado, 7 de mayo de 2021. 

A esa hora parecía que la ciudad de Loja se desbordaba de gente que iba de un lado a otro, toda ella con mascarilla, el buen frasco de alcohol y el bolso de los “comprados”.

Buscando ‘un no sé qué’

Burócratas, trabajadores, amas de casa, adultos mayores, niños, parejas de enamorados, entre otros, iban y venían por el casco central, buscaban “un no sé qué”, entraban y salían de las tiendas, bodegas, del centro de abastos ‘Ciudad de Loja’.

Largas filas de clientes esperaban su turno en los cajeros automáticos. Hombres y mujeres revisando sus celulares, mientras los comerciantes les pasaban cerca de la cara globos, delantales, medias e interiores. “Lleve para la madre”, decían.

Y es que ese día el miedo al Covid-19 parece que lo enviaron de ‘vacaciones’ porque el ajetreo era igual al que se produce el recordado 24 de diciembre, horas antes de la famosa Nochebuena, cuando las personas se olvidan de los problemas económicos y bajan de las perchas todo cuánto pueden hasta reventar las cajuelas de vehículos particulares y de taxis que ese día ven “todo amarillo y verde”.

¿Y el distanciamiento?

Aquel último día de la semana laborable parece que hizo borrar de la mente de todos que la pandemia del coronavirus sigue “vivita y coleando” y que continúa originando muerte y dolor en los diversos hogares del mundo. La gente actuaba ese 7 de mayo como si los alrededor de 250 mil lojanos ya estuvieran inmunizados y que al coronavirus se lo llevó el cohete chino hacia las profundidades del ‘Indico’.

Todos ‘juntitos y apegaditos’, sin distanciamiento alguno, trataban de llevarse a las casas las provisiones, como si fueran a hibernar seis meses encerrados y no dos días, impuestos por el presidente Moreno que alista maletas para dejar el confortable Carondelet e irse a su casa, a esperar otro sueldo vitalicio, con el cual, según las malas lenguas, suman ya tres.

 Al llamado confinamiento total de sábado y domingo, que este caso es el penúltimo, se sumó la celebración del Día de la Madre, que esta vez “cayó” el domingo 9 y los hijos cariñosos quisieron llegar con su presente a mamá. Entonces, una razón más para que se haya originado semejante aglomeración en el centro de la ‘Ciudad de Mercadillo’ y se haya desafiado con osadía al bendito coronavirus.

Aparte de bodegas, micromercados, tiendas, otro sector que se hizo ‘las platas’ fue la fuerza amarilla, cuyos conductores optaron por hacer esa noche ‘carreras cortas’ y dejaron literalmente varados a los usuarios que desearon movilizarse hacia las afueras de la urbe.

Un claro ejemplo fue el de una mujer que hizo parar un taxi, cuyo chofer le preguntó el destino. La fémina, con dos canastas llenas hasta el ‘cogote’ de productos, le respondió: “Voy a Tierras”. No, señora, muy lejos, hasta luego, le dijo el hombre con voz grave, producto de la mascarilla redonda que cubría su boca.

Embotellamientos

Así, el movimiento bullía: comerciantes, transeúntes, taxistas apurados, embotellamientos por doquier, pitos ensordecedores, gritos… mientras el tiempo iba sumando hasta llegar a la ‘hora cero’ del nuevo encierro del fin de semana, a esos que la comunidad a regañadientes acepta y que espera que pronto pase el virus, aunque medio lejos está aún mientras sigan generándose esta clase de amontonamientos, poquísimos de ellos justificados y un 95% no.

Solo es de esperar que el ajetreo de los viernes, que se ha vuelto costumbre ya durante estos tres últimos fines de semana, no pasen una cara factura, cuyo desenlace sea la muerte inevitable y el dolor eterno para quienes quedan en “este valle de lágrimas”.

PARA SABER

Los confinamientos totales iniciaron el viernes 23 de abril, a las 20:00, concluyendo a las 05:00 del lunes 26.

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