No sé porque hado adverso del destino, la muerte ha segado, inexplicablemente en este mes, la vida de dos valores humanos prominentes y queridos de Loja. Primero falleció el doctor Humberto Bolívar Castillo Franco, un médico y académico en el más alto sentido de la palabra, por su saber, por su hombría de bien, y su fina sensibilidad para penetrar en los corazones de sus amigos. Y el día 08 de diciembre nos deja el doctor Homero Jimbo Soto, un abogado, juez y académico de prestigio, por sus conocimientos, su rectitud y su ternura para sus amigos.
No es este el momento ni la circunstancia para hacer un balance de la ingente obra que cumplieron para bien de Loja y el país estos dos grandes seres humanos. Pero no puedo dejar de decir que Humberto y Homero eran dos lojanos que todos conocimos y admiramos. Buenos y paternales, generosos y sin egoísmos, irónicos y ocurridos – pero carentes siempre de malicia-, caballeros notables, modestos y sencillos, como no hemos conocido muchos otros en nuestro medio, son, y serán, arquetipos dignos de perdurar para ejemplo de quienes vengan después de nosotros.
Ante este infortunio, tratando de dominar la congoja que me embarga, como amigo que fui- a mucha honra- de estos dos maravillosos seres, sola les puede decir: Adiós doctores Humberto y Homero, ustedes vivirán siempre escondidos en mi corazón, “porque espíritus bellos, generosos y fecundos como los suyos, no mueren verdaderamente nunca”.