Dejen de pedirnos que finjamos

Estamos cansados del teatro de la Navidad. No del mes, sino de la pantomima. Estamos hartos de quienes convierten su sala en una vitrina de falsa felicidad—árbol perfecto, luces deslumbrantes—mientras dentro de su corazón habitan en un nauseabundo tugurio.

Son los mismos que se visten a la moda “navideña” y decoran a la perfección su casa, y después vuelven a sus redes a juzgar, a destilar estiércol con ventilador contra quienes no piensan como ellos. La fecha no les ha cambiado nada. Solo han decorado lo que se ve. Por fortuna, el espíritu navideño no se enchufa a la pared ni se compra en el mall.

Si este diciembre te pesa más de lo que te alegra, ¡no te sientas solo! Simplemente estás siendo honesto contigo mismo. Las guirnaldas no ocupan las sillas vacías, como tampoco los villancicos pagan las facturas. Tu cansancio no es un error del sistema; es tu humanidad que, con toda justicia, reclama su espacio.

Deja de fingir para la foto. Tu única obligación es tu paz mental. Si no quieres ir a esa cena, no vayas. Si no quieres sonreír, descansa la cara. La verdadera paz no está debajo del árbol de plástico, sino en el alivio de decir: «Hoy no puedo con todo esto, y está bien.»

Date permiso de no estar a la altura de la postal que te exigen. Tu único compromiso es contigo. Respira. Ya falta poco. Lo estás haciendo mucho mejor de lo que crees.

Guarda la máscara y, por una vez, date el regalo de la honestidad. Tu paz no es negociable.

Marlon Tandazo Palacio

www.marlontandazo.com

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