Con la brújula averiada

Resulta difícil sustraerse de un detonante anímico que constituye hoy por hoy el crimen organizado, el narcotráfico, la corrupción, la crisis económica, la guerra política de los políticos, las acciones permisivas de la justicia y más, como la inseguridad, que aumenta el cuadro de calamidades que viene ahogando al país. Al parecer estamos con la brújula averiada.

El Ecuador vive una realidad que afecta a la tranquilidad ciudadana, porque el robo, el asalto, el sicariato, no busca dedicatoria alguna, está al cruzar la calle, al virar la esquina. La arremetida criminal asusta y agrava la crisis que vive el Ecuador. De alguna manera hay que bloquear esta realidad. Claro que el Estado es el que debe detener el desborde criminal. Pero el Estado lo hacemos todos los ciudadanos. Y debe ser el momento en que también nosotros, la pluralidad, nos pongamos de pie para decir ¡Ya basta! Basta de sentarnos a ver lo que pasa, sin darnos cuenta que si el Estado marcha, la delincuencia trota en procura de marcar un cruel destino.

Se debe entender entonces que la inseguridad es asunto serio. Y que Loja, una de las ciudades más seguras del Ecuador, ya está siendo parte de la permisiva delincuencia, lo cual exige a los lojanos reflexionar sobre las consecuencias de la “terrible explosión de violencia”.  Si nos cruzamos de brazos o nos quedamos paralizados, sería negarnos el derecho a la tranquilidad, la paz, la esperanza de vivir donde vivimos.

Antes que la escalada de criminalidad termine haciéndonos trotar al cementerio, estamos obligados a combatir la conflictividad social, a enfrentarse con la crudeza de los hechos y no esperar milagros. Y en lo político, evitar caer en intencionalidades sediciosas o desestabilizadoras que tratan de hundir más rápido al país, aprovechando que éste marcha con la brújula averiada.

Adolfo Coronel Illescas