Tener a un niño o niña en los brazos, es como tener un pedacito de cielo; es sentir la ternura hecha vida, la ilusión transformada en versos y el encanto hecho canción. No hay persona que se resista ante su mirada, ante su sonrisa, ante sus gracias que son el deleite de los padres, de la familia, de todos.
Pero esta criatura, su cuerpecito, empieza a desarrollarse y sus necesidades físicas y emocionales requieren de solícitas atenciones, mientras observamos que con su crecimiento sus necesidades aumentan y las obligaciones de sus progenitores son mayores. Se dice que, con razón, los hijos son la felicidad del hogar, es que son la prolongación de la vida, es un mirarse en ellos para crecer con ellos. Obvio, cuando los hijos son el producto de un hogar formal y esperado con ansias; esto porque, lamentablemente, también están los hijos que llegan a hogares irresponsables y equivocados que, lejos de brindarles amor y seguridad, les ocasionan sufrimientos y dolores y, a veces, hasta la muerte.
Así como las personas adultas tienen días especiales para festejarse, los niños, los tesoros de la patria, también lo tienen. En 1954 la ONU recomendó que cada país estableciera una fecha para festejarlos. Ecuador escogió el 1 de junio. En los hogares y en los centros de educación de nuestro país, se han programado múltiples actividades lúdicas, recreativas, deportivas y artísticas para tenerlos como protagonistas y la verdad que han disfrutado a lo grande.
Pero esto no es todo, porque los niños (según nuestra legislación desde la concepción hasta los 12 años), tienen derechos fundamentales que apuntan a promover su bienestar. Recordemos que, según el INEC, de acuerdo con el censo del 2022, el 19.75% son niños, lo que equivale a 3’344.947 de pequeños que, para la actualidad, ese número se habrá incrementado. La obligación prioritaria del Estado es velar por estos niños, combatiendo la desnutrición infantil y otorgándoles todos los beneficios en materia de salud y educación para que su desarrollo sea armónico y apunte a una formación integral. Que nunca desaparezca la sonrisa del rostro de un niño. ¡Felicidades en su día!
Darío Granda Astudillo
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