El galeno lojano falleció, en Guayaquil, por causa del coronavirus. Estuvo a punto de alcanzar su postgrado en traumatología.

El connotado médico lojano, Alfredo Javier Vaca Díaz, es otro héroe que, el pasado martes 24 de noviembre de 2020, falleció víctima de la pandemia del coronavirus. Sus familiares, compañeros, amigos y allegados lloran hoy su temprana partida.
‘Una lucha sin cuartel’
El deceso, a los 34 años, se produjo a las 08:00, en el Hospital Los Ceibos, de Guayaquil, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Sus propios compañeros y colegas especialistas nada pudieron hacer por salvarle la vida, en razón que el ataque viral fue devastador. “Fue una lucha sin cuartel”, cuenta su acongojado padre, Alfredo Vaca Rodríguez.
Nació en Loja el 18 de agosto de 1986. En 1989, por asuntos de trabajo de su padre, Alfredo Vaca Rodríguez, que laboraba en una empresa farmacéutica, viajó en conjunto con su madre, Lila Díaz, y su pequeña hermana, Claudia, a Portoviejo, Manabí. Allí estudió en el colegio privado Arcoiris High School, donde sus notas siempre fueron sobresalientes.
Por razones familiares regresaron a Loja. Alfredo Javier tenía 12 años e ingresó al colegio Bernardo Valdivieso, donde estudió su padre. Fue felicitado varias veces por sus estudios en Biología, especialmente en Anatomía. Se graduó con honores y fue escolta del Pabellón Nacional.
Se inclina por la Medicina
Atraído por la Biología, decidió estudiar Medicina e ingresó a la Universidad Nacional de Loja (UNL), donde se incorporó como médico general con los mejores de su grupo. Allí también conoció a su esposa, la actual especialista en Pediatría, Gabriela Valdivieso Samaniego, con quien contrajo matrimonio.
Su medicatura rural la ejerció en la Unidad de Salud de San Lucas, en el cantón Loja, Área de Salud No. 3, donde comprendió otro mundo: el indígena y su medicina ancestral.
Luego pasó a realizar su residencia médica en el Hospital del IESS Manuel Ygnacio Monteros en las áreas de traumatología y cirugía, terminando en 2015. Juntamente con su esposa, aplicaron para las especializaciones de Traumatología y Pediatría, respectivamente.
Primero accedió su esposa a una beca completa por sus excelentes notas y le tocó estudiar en Guayaquil, en el Hospital Pediátrico Robert Gilbert, de la Benemérita Junta de Beneficencia.
Ingresa como postgradista
Por la escasez de postgrados en el Puerto Principal, Guayaquil, y porque le interesaba estar junto a su esposa, esperó hasta 2017 para ingresar como postgradista, realizando rotaciones en los hospitales Luis Vernaza, Teodoro Maldonado y Los Ceibos.
En el ‘Vernaza’, su tutor fue un médico lojano de origen macareño y una autoridad en traumatología: Gilberto Sotomayor, quien, conociendo la habilidad de su pupilo, lo puso de ayudante de cirugía y luego lo autorizó a realizarlas dentro de su experticia, con excelentes resultados.
En el hospital Los Ceibos, el profesional Juan Ignacio Castillo Guerrero, uno de los pocos traumatólogos cirujanos de columna del país, también de ascendencia lojana, pidió su colaboración para efectuar a veces hasta tres cirugías seguidas en la madrugada.
Alfredo Javier se proyectaba con alta capacidad en su especialidad de Traumatología. El pasado 15 de noviembre cerraba su carrera para recibir la calificación de su tesis e incorporarse como especialista traumatólogo.
Su honradez profesional y su trabajo le permitieron granjearse la amistad de sus colegas y personal de los hospitales Manuel Ygnacio Monteros, de Loja; Pediátrico Rober Gilberth, Luis Vernaza, Teodoro Maldonado Carbo y Los Ceibos, de Guayaquil.
El contagio y deceso
En su condición de postgradista y por sus estudios, Alfredo Javier tenía que asistir al ‘Teodoro Maldonado Carbo’ para cumplir con las guardias. Era postgradista de la especialidad de Traumatología.
Él se contagió del virus, al igual que su esposa, Gabriela Valdivieso Samaniego, especialista en Pediatría y que, al momento, cursa la especialidad de Neonatología. Ella también tenía que hacer guardias.
Su padre, Alfredo Vaca Rodríguez, manifiesta que no se sabe exactamente dónde contrajo el virus, pero la probabilidad es que sea en el mismo lugar donde cumplía sus prácticas y estudios. Asimismo, en sus momentos de ‘receso’, debía estudiar y los alimentos los pedían a domicilio. Se cuidaban al extremo como conocedores del riesgo y peligro del virus.
Acota que hay falta de materiales de protección en el Hospital Teodoro Maldonado Carbo. “Allí, si los propios médicos debían comprar sus elementos de seguridad y hasta alcohol, imaginemos el personal paramédico, enfermeras. Por eso han fallecido muchos y han seguido falleciendo”.
Alfredo Vaca dice que, si bien en estos hospitales los profesionales especialistas son excelentes, el problema está en que de repente faltan medicamentos esenciales para tratar un estado crítico de salud en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Cuestionó la falta de atención a la salud
Su progenitor dice que su recordado hijo, Alfredo Javier Vaca Díaz, criticó la indiferencia política hacia el sistema estructural de salud del país que, más allá de la obra física, el equipamiento tecnológico y de los connotados profesionales médicos, los sistemas burocráticos y operativos no se compadecen con las necesidades reales.
“Quería convertirse en un comisario, de aquellos que pueden encerrar de por vida a un corrupto con apenas verlo robar o a los que trafican con la salud humana y el dolor ajeno. Para él, constituían delitos de lesa humanidad”, cuenta su padre.
Aficionado a la informática
De manera paralela, era un aficionado a la informática, al manejo de software y hardware. Mantenía sus computadoras al día y con la capacidad más alta del mercado.
Él mismo programaba y cambiaba sus partes. Colaboró con sus compañeros administrativos en uno de los hospitales para facilitar los manejos de protocolos administrativos y reducir el tiempo de espera.
PARA SABER
Se constituyó en un fan de Stars Wars, Hello y Call of Duty y otros donde se persigue a los malos sin descanso.