No hay profesión más criticada que la del Abogado, empero reflexionemos su actividad. Está presente en la vida de todas y cada una de las personas.
Siempre se necesitará un defensor. Cuando adquirimos o vendemos un bien. Cuando ocurren los dos grandes hechos jurídicos como el nacimiento y la muerte, se requiere del profesional para incoar un proceso alimenticio, un reconocimiento de paternidad, una inscripción tardía, y en la muerte, la clásica sucesión testamentaria o intestada a la cual todas las personas están llamadas.
En los sucesos más felices y más tristes de la vida del ser humano, siempre está presente el Abogado. Sus consejos le dan a la persona la mayor seguridad.
Cuando se trata de la defensa en un proceso judicial, no descansa hasta que su defendido pueda lograr el objetivo que se vuelve común. Asume los problemas ajenos como los suyos, sin contrariarse.
Un Abogado siempre debe velar por el bienestar de la sociedad, su trabajo le dignifica y conlleva una gran responsabilidad que luego se materializa en éxito y reconocimiento. No podría dejar de defender una causa hasta que logre su objetivo, el mejor Abogado es quien renuncia a sí mismo para defender una causa ajena.
Manuel Salinas Ordóñez
masalord@hotmail.com