Juventud: más que votos

La democracia no se reduce al sufragio, aunque este constituya uno de sus pilares fundamentales. También implica la capacidad de participar, cuestionar y proponer soluciones para la vida colectiva. Por ello, la juventud no puede seguir siendo concebida únicamente como un sector electoral útil durante las campañas, sino como un actor permanente dentro de la construcción democrática del país.

Esta visión no solo responde a un ideal político, sino también a un mandato jurídico. La Constitución reconoce a los jóvenes como “actores estratégicos del desarrollo del país” y garantiza su participación en los espacios de poder público. Además, según cifras del CNE, la juventud representa el 26,71 % del padrón electoral nacional, convirtiéndose en uno de los grupos con mayor capacidad de incidencia.

Sin embargo, la relevancia política de la juventud suele reducirse a los periodos electorales. Durante este periodo, los jóvenes son convocados para respaldar discursos, pero rara vez se les concede una participación real dentro de los espacios de decisión. Aunque el Código de la Democracia establece cuotas juveniles obligatorias para garantizar su representación, estas terminan limitándose al simple cumplimiento formal de la ley. Como consecuencia, se incorpora a jóvenes en listas como una muestra simbólica de inclusión, pero sin brindarles la formación, preparación o incidencia necesarias para deliberar, gobernar y construir una agenda política propia.

A esta problemática se suma una falla estructural del sistema educativo. Las aulas no logran despertar el pensamiento crítico, ni un sentido de pertenencia que motive a los jóvenes a organizarse y participar activamente en la política. Como consecuencia, muchos jóvenes quedan expuestos a la apatía o al uso instrumental de los partidos políticos, debilitando derechos reconocidos en la Ley de Juventudes, como participar en asuntos públicos, fiscalizar al poder y ser consultados.

La juventud no puede conformarse con ocupar espacios simbólicos ni ser un requisito electoral. Debe cuestionar, proponer y asumir un rol activo dentro de la sociedad. Solo cuando transforme la inconformidad en participación y las ideas en acción colectiva, dejará de ser una cifra política para convertirse en la fuerza capaz de cambiar el destino del país.

Deyanehira Valentina Cueva Guamán

deyanehiracueva@gmail.com

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