La trampa del “más vale malo conocido que bueno por conocer”

La incertidumbre que suele rodear la elección de nuevas autoridades, genera con frecuencia el riesgo de caer en una trampa psicológica camuflada en el viejo refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Esta lógica, alimentada por el miedo al cambio disfrazado de resignación, termina promoviendo una actitud conformista que lleva a muchos ciudadanos a seguir prefiriendo a políticos experimentados, aunque cuestionables en sus conductas, antes que apostar por nuevos personajes con propuestas distintas y una visión renovadora en la política.

Este patrón de idealizar figuras que, pese a haber tenido algunos aciertos en su gestión, en la parte ética y moral, terminaron convirtiéndose en una gran decepción; constituye una limitante para construir una verdadera política de transformación. La sociedad queda atrapada en ciclos repetitivos de liderazgos desgastados, impidiendo la aparición de nuevos perfiles capaces de impulsar un modelo de desarrollo más transparente, innovador y menos condicionado por compromisos políticos tradicionales.

Sin embargo, el debate no debe reducirse a la simple premisa de “no votar por ser conocido” o “votar por ser nuevo”. El verdadero desafío consiste en superar el statu quo de preferir al candidato viejo por la lógica del miedo o incertidumbre, para adoptar una visión más crítica y propositiva sobre el cambio. Renovar no significa improvisar; significa evaluar con responsabilidad las propuestas, la capacidad técnica y ética de los candidatos, su visión institucional, la calidad de sus equipos de trabajo y, sobre todo la coherencia demostrada a lo largo de su trayectoria pública y personal. 

En el ámbito de la gestión pública, elegir entre un candidato nuevo y uno con trayectoria, no es solamente una cuestión de “cambio versus experiencia”; la verdadera cuestión radica en determinar quién posee la capacidad de diseñar, ejecutar y sostener un plan de acción eficaz que permita modernizar las instituciones, impulsar reformas estructurales y garantizar un manejo transparente y responsable de los recursos públicos. Asimismo, resulta fundamental valorar la capacidad de gestionar la cooperación nacional e internacional para implementar proyectos estratégicos para el progreso del territorio. Porque, al final, el progreso de una sociedad no depende únicamente de cuánto conoce a sus líderes, sino de cuánto esos líderes son capaces de consolidar el desarrollo, así como de cambiar la realidad con integridad, visión y responsabilidad.

Geovanny Patiño Valdivieso

gepavaldi78@hotmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *