El fantasma de la derecha

Un fantasma recorre América: el fantasma de la derecha. Según el economista español Juan Torres López la derecha «usa la política para conservar lo que tiene, puede permitirse el lujo de tener malos dirigentes porque el sistema trabaja para ella con independencia de quién la dirija. El sistema financiero, los grandes medios, las corporaciones, las instituciones internacionales funcionan en la dirección que la derecha establece, aunque sus dirigentes sean mediocres, corruptos o simplemente torpes». Además, agrega Torres que la derecha es partidaria del neoliberalismo porque: «Individualizó el trabajo, precarizó la vida, destruyó espacios comunitarios, mercantilizó las relaciones humanas y convirtió a los ciudadanos en competidores aislados… El neoliberalismo creyó que, destruyendo el tejido social, atomizando a los individuos y fabricando el homo neoliberalis había ganado la batalla definitiva. Y en cierta medida tuvo éxito: destruyó las bases sobre las que las izquierdas del siglo XX habían construido su poder. Pero al hacerlo produjo algo que no esperaba, el sufrimiento, la soledad, la precariedad y la injusticia… Produjo la evidencia, visible para quien quiera verla, de que un sistema que se gobierna por una sola ley, la del máximo beneficio para unos pocos, es un sistema que se destruye a sí mismo». Suele decirse que la riqueza es en gran medida el resultado del esfuerzo de los empresarios capitalistas, pero entonces ¿de quién sería responsable la pobreza? El problema no es que algunos empresarios ganen mucho, sino que demasiadas gentes ganan muy poco, o, lo que es peor, tienen trabajo precario o ni siquiera tienen trabajo para para poder vivir con dignidad. Hasta que logre pasar este fantasma de la derecha, a las nuevas izquierdas (que no la izquierda cerril actual que termina coincidiendo con la derecha cerril), les toca utilizar nuevas herramientas entre ellas crear una política comunitaria desde abajo que según Torres requiere: «tejer redes de solidaridad y cooperación, crear experiencias concretas de otro modo de organizar la producción, el cuidado, la energía, la información…». En fin, necesitamos una política compasiva con las víctimas producidas por el mismo sistema capitalista que concentra la riqueza en muy pocas manos. Cuando se pidió a Dostoyesky alguna prueba de haber sido defensor de los pobres y oprimidos, se limitó a enseñar las huellas que habían dejado en sus piernas las cadenas de Siberia dando gracias por ello. Este hubiera sido un gobernante digno (Díaz, 2026).

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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