El pasado 16 de mayo, a la edad de 86 años, se apagó la vida de Numa Maldonado Astudillo, uno de los intelectuales lojanos más importantes, queridos y respetados de la región sur del país. Su amplia trayectoria profesional como ingeniero agrónomo, docente universitario, historiador y prolífico escritor, lo ubican dentro del selecto grupo de pensadores más representativos de la Patria Chica, además de nutrir a esa necesaria e imprescindible reserva moral del Ecuador.
Por eso mismo la muerte de Numa Maldonado ha conmovido a toda una sociedad que reconoció en él a uno de sus preclaros hijos, a ese hombre bueno y bondadoso, al ciudadano correcto y comprometido siempre con las causas nobles, a quien dedicó buena parte de su vida a estudiar a profundidad el desarrollo agropecuario, el agua, el clima y los cuidados del medioambiente; al incansable defensor de la ética pública y conocedor –como pocos- de la historia, convencido que no es posible transitar hacia el desarrollo si primero no conocemos de dónde venimos, es decir, entender primeramente nuestras raíces, más aún en un mundo donde la globalización pretende unificarlo todo, fracturado lo local y los procesos identitarios.
De ahí que, en estos tiempos de enorme incertidumbre, es necesario y urgente volver a las ideas que alentaron a estos prohombres. Revisando el libro: ‘un poco de algo’, de Numa Maldonado, en su ensayo sobre la dignidad, nos recordaba que es un ‘…valor característico y exclusivo del ser humano y que reside fundamentalmente en la estricta aplicación de la libertad personal…(…) estrechamente vinculado a la libertad, integrado y derivado al mismo tiempo de ella, aparece el respeto como valor inmanente de la dignidad. Y ligados o derivados de la libertad y el respeto, otros valores universales tan importantes como la honradez, la justicia, la solidaridad, la unión y la paz’.
Ese pensamiento describe precisamente a Numa Maldonado y su paso por este plano terrenal. Que la tierra le sea leve.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion