Cuestión de fe

Las grandes apuestas financieras de la economía global son incursiones en el campo de la fe. Si pensamos con cuidado en las operaciones de las altas finanzas en el mundo encontraremos que se basan, fundamentalmente, en una serie de creencias que colapsan en un momento determinado y originan las grandes crisis que hemos visto en los últimos años.  Para que estas creencias se posicionen y alcancen la confianza de los inversores se necesitan teorías que hagan plausible una posibilidad de rentabilidad productiva. Se requiere también un amplio trabajo de persuasión que logre que el dinero salga de los ahorros y se coloque en los valores. Se trata del mismo juego que ha sostenido la economía en los últimos siglos. Fueron las nociones de navegación del siglo XV y el poder de sugestión de Colón los elementos claves para la aventura imperial española y para los réditos que finalmente rindió. Fue la física y el positivismo del siglo XIX unidos a numerosos propagandistas los que lograron el inmenso movimiento económico de la revolución industrial. Fueron las nociones de autodeterminación y de igualdad, junto con grandes libelistas, los orígenes de la democracia liberal que ha dado lugar al país más rico del mundo.  En todos estos casos una creencia fundamental movió a las sociedades. La fe en una riqueza lejana que podía ser encontrada, la fe en una ciencia redentora, la fe en posibilidades de gobierno independiente. En todos estos casos, también, las creencias angulares colapsaron y dieron paso a enormes crisis. Desapareció el imperio español, el industrialismo cedió con la caída de 1929 y los grandes magnates consideraron siempre que la democracia en países que no son los Estados Unidos es un obstáculo para su riqueza.

Entramos ahora en un nuevo e improbable espacio de fe. Todos los inversionistas de las grandes bolsas de valores pusieron su dinero en el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Han pasado varios años y tal desarrollo no parece llegar al punto de quiebre y de inmensa generación de dinero que la propaganda hacía suponer. Una nueva crisis global se avecina. Las previsiones inapelables de la historia así lo dictaminan.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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