Hablar del amor y la amistad es adentrarse en ese mundo mágico, en donde, con una facilidad admirable, lo imposible se torna posible, lo complejo se vuelve fácil y la noche se torna en mediodía.
Es que el amor, sentimiento que genera las acciones más nobles del ser humano, es tan divino y tan humano: divino porque el mayor testimonio de amor que conocemos nació, justamente, desde una ofrenda de Dios que, para conocernos mejor, se hizo hombre; y es humano porque es parte esencial de nuestra vida, es la razón misma de nuestras vidas.
Laureados poetas han escrito los versos más sentidos para cantar al amor. Poemas maravillosos a través de los cuales se sublimiza a este sentimiento, testimoniado en la relación de personas comprometidas con su identidad afectiva y emocional, que les hace olvidar de su entorno real, para disfrutar del elíxir divino de amar y sentirse amado. Cuántas canciones dedicadas al amor, asimismo, nos invitan a cantar para vivir, para recordar, y muchas veces para sufrir.
El 14 de febrero (que lo recordamos ayer) exalta al amor: desde ese que nos quita el sueño en la adolescencia, hasta el que se consolida en un hogar, con hijos que son el fruto de esa entrega sublime. A pesar de que el amor, por su naturaleza, debiera brindarnos solo momentos de agradable convivencia, casi a diario, observamos cómo ese amor es maltratado y pisoteado por personas que no lo valoran en su real dimensión.
Evocamos, asimismo, el día de la amistad, que se traduce en un trato cordial, sincero y desinteresado entre seres que apuntamos a un mismo horizonte para forjar una vida que nos enseñe a ser respetuosos y solidarios. Qué hermoso es decir tengo amigos, tengo amigas, porque me comprenden, porque están conmigo en los momentos más difíciles. Cuánta falta hace la amistad en nuestro país, cuando, ahora, motivados por oscuras ambiciones políticas, tratamos de destruirnos los unos a los otros.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com