Humanizar el texto… y también a las personas

Parafraseando a Margaret Atwood: la tecnología avanza, pero el alma no tiene actualizaciones automáticas. En este mundo lleno de progresos y avances tecnológicos que, aunque aún robóticos, pretenden humanizarse, cada vez nos olvidamos más de humanizar a las personas, no solo a las máquinas.

Vivimos tiempos donde la inteligencia artificial escribe poemas, diseña cuadros, responde con ternura y hasta nos intenta consolar. Buscamos que el texto suene más humano, más cálido, más real, para simular que es completamente nuesto. Sin embargo, mientras afinamos los algoritmos para que comprendan emociones, las personas parecen olvidar cómo hacerlo.

Aumentan el racismo, la xenofobia, la homofobia y tantas otras “fobias” que nos separan y nos despojan de humanidad. En redes sociales, donde la IA aprende de nosotros, proliferan los discursos de odio que revelan una herida profunda: no es la máquina la que deshumaniza, somos nosotros quienes le enseñamos a hacerlo.

La paradoja es inquietante: pedimos a las máquinas que escriban con alma, mientras los humanos actuamos sin ella. Necesitamos un nuevo pacto moral, una inteligencia emocional colectiva que acompañe a la artificial. Porque el progreso sin compasión no es evolución, es solo vacío.

Humanizar el texto no basta, es momento de humanizar la mirada, la palabra y el gesto cotidiano; solo así, la tecnología será aliada de nuestra esencia, no su sustituta.

Santiago Ochoa Moreno

wsochoa@utpl.edu.ec

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *