Y quien no amanece nervioso, asustado, inquieto, preocupado, al no saber qué país nos quieren dar haciendo luego de la Consulta Popular y la posible autorización del pueblo para elaborar una nueva Constitución.
En este ambiente de incertidumbre los concejales lojanos con la alcaldesa a la cabeza, no dejan de darse golpes de pecho por haberles tocado asumir la responsabilidad de incrementar el precio del pasaje del bus urbano congelado por varios años, en razón de que los usuarios han expresado inconformidad porque su pobre economía se vería afectada aún más. Al respecto hace pocos días escuchábamos al concejal Iván Ludeña decir que el municipio ya tenía un estudio técnico que sugería el alza de 5 o 6 centavos por pasaje. Pero al parecer toda intensión tendrá que esperar por las consecuencias del paro indígena y los subsidios ofrecidos por el Gobierno como consecuencia del alza del diésel.
No es tan fácil tomar una decisión política o encontrar una salida técnica que no perjudique a las partes, cuándo además el tema debe sr tratado con los transportistas urbanos que vienen exigiendo desde hace tiempo un reajuste superior a los 40 centavos. No sabemos qué digan hoy con tanto ofrecimiento estatal.
El reajuste o alza del pasaje del transporte urbano es un dilema para los municipios en general por ser parte de sus competencias. Algunos ya han definido su posición de no subir los pasajes, porque no quieren trasladar los costos de la crisis económica a las clases populares que son las que usan a diario los buses.
En el caso de Loja parece ser que el cabildo ya tiene una decisión política difícil por supuesto para este problema que quieren sacramentarlo de una buena vez, por eso los concejales están nerviosos. Sin embargo, por ser la Alcaldesa y ellos los anfitriones de los festejos por el aniversario de la independencia de Loja, hay que evitar por el momento motivaciones que se sumen a la jornada de protestas que vive el país y actuar con tiento y talante.
Adolfo Coronel Illescas