Fraude académico

La dualidad instrucción- formación conforman el proceso educación. La parte cognitiva apunta a los conocimientos que siempre están en evolución y que van a la vanguardia de los últimos adelantos de la ciencia y la tecnología. La parte axiológica se preocupa en formar a los educandos en los valores que más ennoblecen al ser humano y lo hacen un buen ciudadano. Para los conocimientos, en todos los países del mundo, los organismos estatales que rigen la educación, se encargan redactar los planes y programas; cosa semejante ocurre para la formación a través de leyes y reglamentos. En nuestro país, tenemos la Ley Orgánica de Educación Intercultural- LOEI que rige los procesos educativos, y que, dicho de la manera más comprensible, norma la vida académica de las escuelas y colegios.

De lo que más se preocupa la LOEI en la parte formativa, es cultivar personalidades honestas e intachables. Para quienes se apartan del camino y cometen deshonestidad académica, el Reglamento de la ley en referencia, en su art. 224 las categoriza, mientras que el art. 330 establece las sanciones para los infractores, pudiendo llegar, incluso, a la separación temporal o definitiva de la institución.

Si en el hogar, y en los establecimientos educativos, los estudiantes crecieran con valores, al ingresar a las universidades esos valores debieran transformarse en filosofía de vida y más aún cuando ya son profesionales. Por eso, el 1 de julio de este año, cuando en noticieros nacionales, en Argentina, en un examen único de Residencias Médicas, un profesional ecuatoriano, utilizando lentes con inteligencia artificial, copió el texto de la prueba y pasó para que la resuelvan e incluso la comercialicen, a quienes estamos apegados a derecho y hemos cumplido largas jornadas educativas, forjando a miles de estudiantes, se nos cayó la cara de la vergüenza.

Los profesionales que participaron en este bochornoso incidente cometieron fraude (engaño premeditado que causa daño moral o material) académico, y causaron una grave afrenta en contra de los miles de ecuatorianos honestos que viajan a Argentina para cursar estudios de cuarto nivel, atentando en contra de la dignidad del país, que ya tiene sus múltiples problemas y no debemos agregarle otro más. Los culpables deben pagar por su craso error.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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