La corrupción es diferente en todas partes y exige métodos hechos a medida para cada caso. No funciona de la misma manera en Colombia, Venezuela o Ecuador, pero incluso, en Venezuela no opera del mismo modo en la justicia, en el tráfico de influencias o en la venta de insumos médicos a nuestros hospitales.
La corrupción constituye una de las mayores fuentes de inestabilidad política que amenaza a la frágil institucionalidad democrática que aún queda en el país, después de la monumental obra que realizó el ilustre lojano, Presidente de la República: Doctor Isidro Ayora Cueva. Esta metástasis de la corrupción es un mal endémico, difícil de erradicar, atraviesa nuestra sociedad en todos los niveles, pero concentra su poder corrosivo sobre el sistema político minándolo por dentro y cimentando la desconfianza generalizada de la ciudadanía. Dice Miguel Ángel Albor Licona: […] “El ser humano debe ser consciente del papel protagónico que cumple para evitar que la corrupción se siga instaurando en nuestra realidad, pues si éste no se decide a pensar y reflexionar, ¿quién lo hará por él?”. […] El pueblo es el último eslabón para cambiar esta dura realidad, solamente la unidad del pueblo, con la férrea decisión de cambiar el sistema político ecuatoriano, puede abrir la ruta para la reinstitucionalización del Estado.
La revancha política y la polarización entre el correísmo y el anticorreísmo, están debilitando aún más lo poco que queda de nuestro Estado Constitucional de Derechos y Justicia; esta letal dimensión del problema, nos conduce a dos conclusiones peligrosas: que la corrupción es generalizada, en especial en la política y que nada podemos hacer frente a ella. Esta actitud pasiva, desarrolla una base peligrosa para el sistema electoral y para el enriquecimiento ilícito… el delito más difícil de combatir; pues una buena parte de la ciudadanía lo asume como algo “normal” y como parte del sistema corrupto que hemos dejado crecer. Dice Fernando Savater: […] “En cierta medida la corrupción es un asunto cultural y lo peor que le puede pasar a una sociedad es acostumbrarse a ella.” […] Preguntemos cada uno de nosotros a nuestra conciencia: ¿cuánta responsabilidad tenemos en el Estado de corrupción y desgobierno.? Hay que construir una auténtica “calidad democrática”, evitando que “el dinero controle la política”; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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