Ayer, nuestra querida patria, recordó su fiesta cívica de mayor connotación: el 10 de agosto de 1809, que trae a la memoria colectiva el hecho histórico gestado desde la Colonia, por las ideas libertarias del mestizo de oro Eugenio Espejo, y que fue llevada a la praxis por los próceres que se rebelaron contra la opresión hispana. Recordamos nombres ilustres como: Manuela Cañizares, Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, como Presidente de la Junta Soberana, y José Cuero y Caicedo como vicepresidente, Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez de Quiroga y Juan Larrea. Todos movidos por la grandeza de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre. Se dio el primer Grito de Independencia de las colonias españolas en América en contra de España y, Quito, calificada como “Luz de América” y “Capital de la Libertad”.
Desde ese excelso día han pasado 216 años en los cuales, lo que fue Real Audiencia de Quito, hoy Ecuador, es un país libre e independiente, ajeno a cualquier tipo de dependencia o sumisión política a otras naciones: no somos colonia de nadie. Qué bueno: sin embargo, hay otros tipos de dominaciones y dependencias a las que vivimos atados como la económica pues, lo que Ecuador produce no le alcanza para subvencionar su gasto interno, y debe acudir a organismos internacionales incrementando una deuda externa que ningún gobierno ha podido siquiera disminuir, peor pagar. Nuestro país es rico, pero nadie ha podido manejar esa riqueza con criterio honrado en beneficio del pueblo. Necesitamos una independencia económica.
En los últimos años, nuestro país, ha caído bajo los tentáculos del narcotráfico y el crimen organizado que han generado un clima de total inseguridad, obligando a sus habitantes a vivir en angustia y zozobra: nuestro paraíso de paz se ha convertido en un infierno de horror y muerte. Queremos la armonía y libertad de antes: ¿podrá concedernos el gobierno de Noboa? Y, hay otras subyugaciones más, en otros ámbitos, de las que no podemos desconectarnos.
Necesitamos nuevos próceres y líderes que, actuando con honestidad, no trabajen pensando en su bienestar y enriquecimiento personal, sino por el bienestar y emancipación definitiva del pueblo ecuatoriano.
Darío Granda Astudillo
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