Un canto a la vida desde nuestras raíces

Existen causas nobles que nos invitan a elevar nuestra voz como la justicia, la equidad, la paz, la memoria colectiva. Pero en esta ocasión, con la urgencia de quien defiende lo irreemplazable, debemos generar espacios para hablar del medio ambiente. Porque en su defensa se cruzan todos los caminos: la vida, la cultura, la ciencia, el futuro. Es por ello que, desde el murmullo de las hojas, desde el trinar de las aves que aún cantan libremente, desde la sabia que corre invisible por los troncos centenarios que sostienen la memoria viva del planeta, es necesario generar conciencia ecológica dese el espacio en el que nos desenvolvamos. De ahí que, en días anteriores recordamos el Día Internacional de la Diversidad Biológica, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con la firme intención de concienciar a la humanidad sobre las consecuencias devastadoras de su pérdida.

Las cifras hablan con elocuencia y asombro. Ecuador constituye uno de los 17 países megadiversos del mundo que alberga el 10% de todas las especies de plantas del planeta. Este mosaico de vida no solo es una joya biológica sino un compromiso sagrado en el que tanto el arte como la cultura han sido testigos y actores esenciales. Desde las civilizaciones precolombinas que integraron la cosmovisión natural en sus tejidos, tallados y rituales, hasta los artistas contemporáneos que usan murales, música y teatro para denunciar la deforestación y clamar por justicia ambiental.

Y es que el arte tiene la capacidad única de traducir en emoción lo que la ciencia explica con datos, siendo un catalizador. El movimiento Land Art, las instalaciones, las obras multimedia de artistas indígenas contemporáneos, son gritos silenciosos que nos convocan a reconectar. La poesía, la música, la danza y hasta la gastronomía local sin duda tienen un rol vital en esta cruzada verde.

No es suficiente maravillarse con la biodiversidad si seguimos patrocinando prácticas que la destruyen. El turismo responsable, la educación ambiental, las políticas públicas basadas en ciencia, y el consumo consciente son expresiones concretas de ese amor por la vida.

Lucía Margarita Figueroa Robles

luma.figueroaro@gmail.com

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