Desde el próximo 11 de junio y durante 39 días de juego, el planeta estará embelesado por el mundial de fútbol, a realizarse en las 16 ciudades sede de los países anfitriones: México, Estados Unidos y Canadá. Serán 48 países, 16 equipos más si se compara con los torneos anteriores (lo cual va en la lógica del negocio de la FIFA, incluido el precio prohibitivo de las entradas para los estadios) que lucharán por alzar la tan codiciada copa.
Sin duda, el deporte, y con mayor razón el fútbol que tiene un importante poder magnético para obnubilar a las masas, es una eficiente herramienta para la distracción social sobre la penosa realidad que agobia a los pueblos. Ya en la antigüedad era conocido como los emperadores romanos para adormecer el pensamiento de la gente optaban por el famoso pan y circo, es decir, darle entretenimiento a la gente, por lo general en los coliseos, con episodios sangrientos que confrontaban a los hombres entre sí o a éstos con bestias en sangrientos y mortales combates. Con ello se lograba apartar la mirada de la gente respecto de sus derechos, la economía o la corrupción más atrevida.
De ahí que Rodrigo Borja, precisamente, advirtiera de esa retorcida enseñanza política ‘…que a los pueblos hay que darles espectáculo y entretenimiento para que sus ojos no se posen en sus miserables calidades de vida ni en la corrupción o errores de sus gobernantes, sino que se distraigan en las competencias deportivas…’.
Así las cosas, y a las puertas del mundial de fútbol, al cuestionado gobierno de Daniel Noboa le favorecerá el desarrollo de esa cita deportiva, como un conveniente distractor, aunque sea temporal, con lo cual, el pueblo, ese mismo que ahora ve indignado como se deterioran sus condiciones de vida y se expande cual metástasis la corrupción de cuello blanco, mediante ‘movidas’ de todo tipo, encontrará una pausa para gritar ¡gooool! cuando el balón infle las redes.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion