¡Agosto, tiempo de volar cometas en el cielo de Loja!

Llegaron los fuertes vientos de agosto a Loja, que soplan desde el Villonaco, el Zhañi y Cajanuma. Con los vientos regresa también esa feliz añoranza de ser niños, galopando con nuestros sueños sobre coloridas cometas, hechas por nuestras manos, y el deseo de fantasear, de volar con el viento y adormilarnos planeando suspendidos en el aire, ¡soñando! aunque sea, durante el fugaz instante en que una cometa de papel cruza el cielo.

Una cometa es aquel ingenio volante, hecho de fantasía, formas y colores, que cada agosto se toma los cielos de Loja. La pasión por las cometas solo puede entenderse como ese anhelo tan propio del ser humano por trascender, por ir lejos, por volar alto, ¡muy alto!, en busca del infinito. Y “desde el cielo mirar la tierra” como diría el poeta y filósofo Rielo.

¿Quién de mi generación no recuerda las cometas de su niñez? Las hacíamos en casa; y eran nuestros juguetes simples y hermosos. En forma de rombo o hexágono, las cometas, construidas con material muy liviano: papel periódico o papel de seda de diversos colores, se pegaban con engrudo a delgadísimas tiras de carrizo en forma de cruz. Y para que una cometa vuele y se encumbre más allá de las nubes hasta topar el cielo, era suficiente una libra de piola que la vendían los “puruhaes” en el parque de la Catedral.

Finalmente, a todo este conjunto se le amarraba, en uno de sus extremos, una larga cola de media nylon para que se estabilizara en el aire, no cabeceara ni se venga de picada al suelo.

¡Elevarse hacia el cielo, hacia lo más alto y hermoso ha sido siempre el anhelo del ser humano y su símbolo de libertad!

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec

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