Desde los tiempos remotos los seres humanos se han preparado en profesiones y oficios con los que, su aspiración principal, ha sido velar por la supervivencia de los suyos y ofrecer un servicio a la comunidad. Esa tendencia es más notoria, ahora, con las exigencias que el desarrollo de la ciencia y la tecnología nos demandan.
Con el mayor respeto a las múltiples actividades que la necesidad vivencial nos obliga, pienso que la medicina es la profesión que denota una vocación muy especial. Cuando aspiras a ser médico (a) sabes, a priori, que los estudios que vas a realizar te van a exigir un esfuerzo por duplicado; que los docentes, profesionales de la medicina y muy celosos de su actividad, en el proceso van cortando cabezas hasta que llegan al final sólo los que tienen vocación. Cuando obtienes tu título de tercer nivel, luego de realizar el internado, la rural y otros requisitos de rigor, las exigencias actuales, te encaminan a una especialidad e incluso subespecialidad, que las haces en el país o fuera de él… y seguirás estudiando toda tu vida.
Ya como profesionales, unos irán por los campos, a centro médicos en donde no hay lo necesario para los procesos de sanación y los doctores (ras), deben hacer milagros para cumplir con su noble misión. Otros, abrirán sus consultorios en clínicas y hospitales, para luchar contra los males y enfermedades más riesgosos, afanándose en que sus diagnósticos y prescripciones sean los más acertados y sus cirugías devuelvan la salud a sus pacientes, porque, en otros casos, vendrán momentos amargos cuando pierdan la batalla frente a la muerte.
Esa es la vida del médico (a), el apóstol de la vida y la salud de las personas, a quien hoy saludamos con aprecio y respeto, sobre todo a aquellos profesionales que mantienen su espíritu noble y altruista, que no caen en la tentación de creer que la medicina es una profesión para el lucro y la explotación. Recordamos a Eugenio Espejo, el primer médico del país, nacido el 21 de febrero de 1747 y, en cuyo honor, se celebra el Día del Médico Ecuatoriano.
Darío Granda Astudillo
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