
Las reformas en materia electoral que se vienen dando desde la aprobación de la Constitución de 2008, han dejado algunas ventanas, puertas y zaguanes listos para la impunidad y el debilitamiento de nuestra democracia. Se sigue sosteniendo que los partidos y movimientos políticos son la esencia de esta -la democracia- sin embargo, dicha muletilla solamente es parte de la narrativa politiquera que impera en nuestro país. Con propiedad exclama Rafael Barrett: […] “Se parecen tanto unos a otros los partidos, que la única manera de distinguirlos es ponerles un color” […] Y esta verdad aplica con claridad meridiana en nuestra democracia, pues el Ecuador es el país más desideologizado de la región.
El haber alcanzado el registro electoral del CNE cerca de trescientas organizaciones políticas, nos permite afirmar que esas organizaciones carecen de formación política, ideológica y doctrinaria; pero quizá lo más grave radica en la falta de militantes, posiblemente ante el órgano rector de nuestra democracia, existan nombres de ecuatorianos que fueron inscritos como: militantes, adherentes o simpatizantes; y si existiera una auditoría permanente a dichos registros muchos de esos nombres se repetirían en más de dos organizaciones políticas. Simón Bolívar dice: […] “Los estados son esclavos por la naturaleza de su constitución o por el abuso de ella” […] A nuestra constitución la han violado las veces que han querido y la irrespetan cada vez que los vientos politiqueros cambian de dirección a favor de las mafias del poder. Nuestro sistema de partidos no tiene militantes, solamente posee una base de datos de aspirantes a burócratas que, hacen fila, en las tiendas de campaña que se levantan para las próximas elecciones, con la finalidad de llevar el afiche, la pancarta, el megáfono y hacer vocinglería política por el candidato que adelanta las encuestas; su rédito final será alcanzar un puesto en la institución de su candidato de turno. Esta es la relación entre los partidos y sus vocingleros, y nos atrevemos a asegurar que se repite la ecuación entre el candidato y los “dirigentes” del partido -claro a un mejor nivel de participación en la cosa pública- pero al final, solo intereses particulares y no el interés colectivo. Para que esto cambie les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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