
El reggaeton, trap, rap y los famosos narcocorridos forman parte de las expresiones de los grupos de delincuencia organizada. Los versos hablan de dinero, venganza, poder y corrupción Ecuador es uno de los diez países con mayor criminalidad del mundo, según el último Índice Global del Crimen Organizado. Este escenario no solo se refleja en el incremento de los homicidios, secuestros y extorsiones sino en la difusión y consumo de contenidos relacionados con el narcotráfico y la delincuencia. Las bandas criminales como Los Choneros, Los Tiguerones y otros han encontrado en la música un espacio para enviar mensajes violentos, mostrar su poder, hablar de sus líderes y contraponerse al discurso oficial. Las piezas musicales de fácil acceso para todo público permiten que los miembros de los grupos delictivos usen canciones y la producción de videos musicales como algo nuevo en el mundo criminal ecuatoriano, sin embargo, ha sido poco analizado en el debate público y mediático, pues la atención ha recaído en las masacres carcelarias, los sicaritos y los atentados. Los videos musicales de las bandas criminales comparten algunos elementos: armas, señas con las manos, joyas, gafas oscuras y mucho dinero. Aunque las letras difieran de acuerdo al tema y al grupo delincuencial, en las grabaciones estos símbolos son comunes de la narcoestética. La narcoestética “refiere necesariamente la búsqueda de los productos culturales creados por el narcotráfico, aunque lo interesante radica en la apropiación simbólica que se establece”. Esa apropiación genera un mensaje en quienes consumen estos contenidos. Y son los jóvenes que consumen esta música, y que se benefician de otras acciones de estas bandas, crean en sus cabezas la idea de “quiero ser como mi patrón”. La narcocultura, entonces, puede generar expectativas, aspiraciones y deseos.
Marco A. González N.
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