
El 20 de agosto próximo los ecuatorianos asistiremos a un proceso electoral que, en el papel, debería ser de trascendental importancia para la democracia ecuatoriana, pues tenemos la oportunidad de reconstruir nuestro sistema de representación electoral, y al mismo tiempo, censurar a quienes vergonzosamente utilizaron nuestro mandato para el acomodo, la corrupción y el crimen transnacional.
Sin embargo, todo queda en el papel, puesto que el sistema electoral será el mismo, los candidatos serán los cromos repetidos del álbum del pasado y el método de distribución de escaños no ha variado; el discurso de los candidatos será el de siempre, esto es: 1) Personalismo casi narcisista estilo Berlusconi, Putin o Trump como ejemplos paradigmáticos de una espectacularización claramente frivolizante en el discurso de los medios; 2) Una desideologización vehemente e indignante en sus apariciones públicas; y, 3) Una falta de contenido respecto de la representación a la que quieren acceder. Bien decía William Randolph […] “Un político hará cualquier cosa por conservar su puesto. Incluso se convertirá en un patriota” […] Y eso es lo que escuchamos de muchos, o de todos, se sacrifican por nosotros.
La desideologización también se convierte en un elemento relevante del presente proceso electoral, la autodefinición ideológica de estos candidatos de alquiler que, igual les da la izquierda que la derecha, el populismo o la narco-política. Por ello es preciso citar a Boris Marchalov, él afirma: […] “El Congreso es tan extraño. Un hombre se pone a hablar y no dice nada. Nadie le escucha, y después todo el mundo está en desacuerdo” […] Este es el resultado de una clase política sin principios, sin ideología… hombres y mujeres orientados al bien personal en desmedro del bien común. Es lamentable que la realidad sea tan adversa como la describimos, pero quizá esta alerta periodística sirva para buscar entre la maleza electoral, el mal menor que nos permita allanar el camino hacia la recuperación de la dignidad, la cordura y el respeto por el ser humano; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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