Cuando el 5 de enero de 1792, Eugenio Espejo, publicó el primer número de siete, de su periódico “Primicias de la Cultura de Quito”, lo hizo con el propósito de informar e instruir a los habitantes de la Real Audiencia de Quito, de los últimos años de la Colonia; y, además, para pregonar sobre los abusos que cometían los españoles en contra de sus súbditos. Fueron momentos bastantes obscuros en los que nació el periodismo, en lo que más tarde sería nuestro país, siendo Espejo el pionero de esta noble actividad, y por eso se lo recuerda como el padre del periodismo ecuatoriano.
Desde ese 5 de enero de 1792 hasta nuestros días han pasado 231 años y, como es obvio, el trabajo periodístico, me refiero al gráfico, desde cuando se utilizaba la tipología para escribir, con procedimientos de verdaderos artistas, hasta nuestros días, ha cambiado sustancialmente, cuando la prensa digital le está quitando espacio a la prensa escrita. Las informaciones, ahora, aparecen en el momento que se produce.
Qué bien que las cosas sean así; sin embargo, es penoso observar como el trabajo, arduo, sacrificado y muy peligroso a veces, que realizan los periodistas, tiene poca retribución económica, y, con frecuencia, es descalificado por sectores que quieren que los periodistas escriban lo que ellos quieren leer, y no los hechos conforme se suceden.
En nuestro país han pasado por Carondelet gobiernos que han vilipendiado, vejado y ofendido a los trabajadores de los medios de comunicación, en cualquiera de sus modalidades, porque, simplemente han cometido la “insolencia” de no estar de acuerdo con sus criterios, ni con las “verdades” que ellos generan o se inventan. Hemos observado como, en momentos críticos que ha vivido el país, quienes han estado al frente para llegar con la información, son los periodistas, arriesgando su vida, porque así manda la nobleza de su trabajo.
Cuántas vidas de periodistas, incluso en nuestro país, se han ido al impacto de una bala que ha silenciado su voz, pero no su legado de informar con la verdad, porque los pueblos necesitan verdades y no mentiras. Loor al periodismo ecuatoriano.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com