Se mueven las frutas en el ruedo electorero, maduritas, coloradas, apetitosas y a los simples mortales se nos vuelve agua la boca. Todas ellas ofrecen salud para llevarnos al paraíso terrenal donde las necesidades son resueltas sin que los descamisados nos demos cuenta. Cada cuatro años nos cae este Maná desde los altos designios del poder que también están supeditados a los vaivenes emocionales de quienes gobiernan el planeta. Sí, así es. Y, mientras sudamos la gota gorda para que coman nuestros amitos desconocidos, la ignorancia llena nuestros bolsillos, abraza el corazón.
Sodoma y Gomorra desaparecieron porque no se encontró entre su gente un solo justo, que la naturaleza no indague en estas tierras porque nos convertiríamos en muertos vivientes. O tal vez si un candidato a la elección popular firme con anticipación su renuncia en caso de no cumplir con sus planes de campaña, ese podría ser el único justo para salvar la ciudad.
La corrupción se ha institucionalizado y de boca para afuera admiramos a los vivos que ganan loterías o encuentran huacas en terrenos desamparados.
Ahora que en plena ceremonia no hay muerto malo ni novia fea y si nunca nos quejamos es porque el dicho dice, sarna con gusto no pica.
También se dice que, el diablo no siempre está detrás de la puerta. Ahí, ahí es cuando debemos despertar y reclamar.
Es hora de despertar, no para volvernos a dormir sino para exigir.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre