Disculpa que haya venido sin avisar. Te he estado observando en las noches frías, en las mañanas calientes y en los siempre tibios atardeceres. He visto lo que haces y he sentido el impulso irrefrenable de venir a golpear tu puerta. No es una visita de cordialidad, he venido con la esperanza de que me dejes entrar y no volver a salir nunca más.
Quiero cruzar esta puerta y abrazarte, como el que abraza a un hijo después de la guerra, creyéndolo muerto. Quiero fundirme contigo y que no olvides nunca mi existencia, que siempre voy a estar a tu lado en cualquier situación, hasta que aprendas a amarme.
No tengo prisa, sé que vivir en pareja lleva su tiempo, yo te esperaré, te ayudaré y seré fiel para que podamos convivir felices para siempre. Pondré todo mi empeño en conseguir, como dice aquel, que solo la muerte nos separe. Ámame y nunca te volverás a sentir solo de nuevo.
Todo lo que tu hagas, yo lo haré… donde quiera que vayas, yo iré… todos tus sueños serán los míos. Ese es mi compromiso contigo, no se me ocurre mayor expresión de amor. Yo soy tú y tú eres yo, yo sin ti no existo y tu sin mí tampoco. Estamos destinados a vivir nuestro futuro juntos, como un mismo árbol, pero también a morir juntos, como una misma flor.
Aquí me encuentro, a la puerta de tu casa… y no me voy a ir. Se que vas a dejarme pasar, podré entrar a tu hogar, instalarme en él y vivir juntos por siempre. Me has aceptado y yo jamás te fallaré. Se que solo eres un niño pequeño y puede que no esté bien lo que hago… pero no te preocupes, abrazaré a toda tu familia igual que te abrazo a ti.
He olvidado presentarme, mi nombre es Hambre.
Victoriano Suárez Álvarez
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