Hace mucho tiempo que millones de mujeres vienen luchando, vienen dando sus vidas, vienen siendo guerreras y salvadoras, vienen intentando erradicar de una vez por todas el abuso y la desigualdad que nos impone un patriarcado y una sociedad machista.
Las nuevas generaciones no callamos y es verdad, no tenemos por qué, no merecemos tener que preocuparnos por si la ropa que llevamos va a provocar a alguien, no merecemos que cuestionen nuestra historia, no merecemos que normalicen los abusos que ellos mismos propagan, no merecemos morir con cada hora del día, no merecemos desaparecer sin que dejen rastro alguno de nosotras, no merecemos llorar a ninguna hermana, hija, sobrina, madre o amiga, nos merecemos poder caminar fuera de casa sin tener que preocuparnos por si oscurece, nos merecemos un día tranquilo entre amigas, nos merecemos tener paz cuando nuestras niñas van a la escuela, nos merecemos ser tratadas con igualdad, con respeto y es por eso que no callamos, ni lo haremos.
El color violeta representa la lucha de las trabajadoras por la reivindicación de sus derechos.
Y hoy nos vestimos de ese violeta, con cada parte de nuestro ser y nuestras almas, nuestra lucha y nuestra sangre serán violetas, no callaremos más, no permitiremos que nuestras alas sean cortadas y nuestras voces silenciadas nuevamente, enterramos el miedo y el temor que se siente cuando uno empieza esta lucha, pero levantamos nuestras voces y entregamos nuestros corazones a cada hermana desaparecida, a cada madre muerta, a cada niña abusada y a cada uno de las mujeres violentadas en este mundo, que sepan que luchamos por ellas, por igualdad, por nosotras, que sepan que luchamos para poder ser libres, libres del miedo, del llanto, del dolor, libres del temor y la inseguridad de saber si seguiremos vivas con cada día que nuevamente se pone el sol.
Anahí Dayanara Ramón Freire
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