Cuando nace una flor, el sol camina lento, la brisa mañanera se aduerme en el jardín y el silencio se brinda para acariciar el momento.
Cuando nace una flor, el Creador se extasía con su aroma, el angelito tierno besa a sus padres y llora porque tiene frío.
Amables lectores, permitidme hacerles extensible mi alegría y la de mi familia por el nacimiento de María Sol Meneses Arrobo, mi nieta. Nació con el día de Gloria para festejar el triunfo de la vida sobre la muerte y honró a la tierra con su primer llanto. Así se cumplió con el mandato divino de “parirás con dolor”. Ese dolor que brinda la mujer amada por la extensión de su vida y que impreso llevará hasta el confín de los años.
La vida es el milagro que confunde el comienzo y el fin, es la sabiduría de un Eterno Divino que entrega el misterio a quienes viven, meditan, a quienes aman.
Por eso, cuando nace una flor, el mundo se hechiza con su presencia, trinan las aves canciones de cuna para llenar el alma, en el lecho del parto la madre suspira y el padre entre lágrimas abraza a su reina que mira extasiada.
Cuando nace una flor, el jardinero madruga de su espera, cuida su capullo, la mira, medita, rompe el silencio y grita un nuevo amor; cuando nace una flor se agradece a Dios y el Creador la besa en la frente.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre