Siempre escucho a las personas realizar la siguiente pregunta: ¿cuándo volveremos a la normalidad? Esta pregunta inquiere que reflexionemos cuidadosamente dos aspectos: 1. En el ámbito personal, volver a la normalidad implica realizar los mismos actos que acostumbrábamos, como la cabra que siempre tiende al monte, a continuar con mi egoísmo, botar la basura a la calle, no estudiar como es debido para no dejarse engañar por las mentiras que a diario se presentan, etc., nada de acción parresiaca (decir la verdad y solamente la verdad aunque nos cueste la vida y el mundo se nos caiga encima); nada de acción utoprofética del yo para denunciar el desorden establecido. De seguro volverá la normalidad del yo light con su falta de afecto, remordimiento y empatía, seductor, manipulador, que utiliza al otro como objeto; rasgos propios del psicópata individual (psicólogos han demostrado rasgos de psicopatías ya en nasciturus). Entonces la puerca bañada vuelve a revolcarse en el charco de la normal puerilidad. 2. En el ámbito social, volver a la normalidad implica la ausencia del nosotros comunitario, palabras tales como bien común, acción colectiva, ayuda mutua, cooperación integral, eusocialidad y, como dice la Biblia, “Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían” (He. 2, 44) brillan por su ausencia. A nivel social se ha incrementado más bien la presencia de las sociopatías, trastornos caracterizados por el desinterés hacia otras personas. Conclusión: volver a la normalidad, como vivíamos antes de la pandemia, líbranos Señor. Para sanar las psicopatías individuales y las sociopatías colectivas debemos empezar por reconocer que las tenemos y acudir con prontitud y agrado al terapeuta. ¿Estás dispuesto/a a reconocerlo? Existen muchos psicólogos para tratar las psicopatías individuales (negocio es negocio), pero carecemos de terapeutas para tratar las sociopatías (gratis et amore).
Jorge Benítez Hurtado
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